Reflexion Personal

 Como docente, la propuesta curricular actual me invita a una reflexión profunda sobre el enfoque educativo que se está promoviendo en las aulas. A lo largo de los años, he sido testigo de cómo las reformas educativas han tratado de responder a los desafíos de un mundo cada vez más globalizado, diverso y tecnológico. La propuesta curricular 2022, en particular, refleja un cambio significativo respecto a enfoques anteriores, ya que pone énfasis en una formación integral y humanista para niñas, niños y adolescentes (NNA), que busca formar individuos autónomos, críticos y participativos, capaces de transformar su entorno de manera consciente y responsable.

Uno de los aspectos que más valoro de esta propuesta es su reconocimiento de la heterogeneidad en los grupos de estudiantes. Durante años, se ha insistido en una educación homogénea, que no tomaba en cuenta las diversas trayectorias, contextos familiares ni las diferentes formas de aprender que tienen los estudiantes. Esta homogeneidad, en muchos casos, ha sido un obstáculo para los estudiantes, ya que no todos aprenden al mismo ritmo ni de la misma manera. El hecho de que ahora se reconozca que cada estudiante tiene una manera particular de aprender me parece un paso fundamental para promover una educación más inclusiva.



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